Tenés que darle feedback a alguien que probablemente se ponga a la defensiva, decirle a una persona de tu equipo que algo no está funcionando o plantearle un desacuerdo a tu líder. Son conversaciones en las que solemos dedicar bastante tiempo a pensar qué decir y bastante menos a prepararnos para lo que puede pasar después.

Podés abrir ChatGPT y pedirle que te escriba el mensaje perfecto. Pero hay un uso de la IA que me parece mucho más interesante: usarla para ensayar la conversación antes de tenerla.

Porque el desafío no suele ser solamente encontrar una buena frase. Del otro lado hay otra persona que puede no estar de acuerdo, ponerse a la defensiva, traer información que no conocías o reaccionar de una manera que no esperabas. Y ahí es donde practicar puede servir.

La IA puede ser un espacio de ensayo

En 2026, Charul Maheshka, Dunigan Folk y Elizabeth Dunn publicaron una investigación sobre el uso de chatbots para preparar conversaciones difíciles. Trabajaron con 1.371 personas que estaban considerando tener una conversación que venían postergando. Una parte utilizó un chatbot durante unos minutos para prepararse y el grupo de control tuvo una interacción neutral con la herramienta.

Durante la semana siguiente, el 65% de quienes se habían preparado con IA terminó teniendo la conversación, frente al 59% del grupo de control. La diferencia no es enorme, pero hay algo del estudio que me interesa incluso más: qué hicieron las personas mientras se preparaban.

La mayoría usó el chatbot para pensar qué decir y, entre quienes hicieron eso, el 86% practicó algún tipo de role play, tratando a la IA como si fuera la otra persona. También aparecieron estrategias como anticipar posibles reacciones, pensar alternativas y ensayar cómo mantener la conversación encaminada si surgía resistencia.

El estudio no se centró exclusivamente en el trabajo. Aproximadamente una quinta parte de las conversaciones identificadas por las personas participantes sí eran profesionales, con situaciones como hablar sobre productividad con alguien del equipo, pedir un aumento o comunicar una renuncia. No alcanza para afirmar que el efecto sea idéntico en una conversación laboral, pero sí muestra una forma de usar IA que vale la pena probar: no pedirle que converse por vos, sino usarla para practicar una habilidad que después vas a necesitar vos.

No practiques solamente lo que querés decir

Imaginá que necesitás hablar con una persona de tu equipo porque durante las últimas tres semanas incumplió varias fechas de entrega. Si solo preparás tu mensaje inicial, estás ensayando una parte muy pequeña de la conversación. Lo más útil puede ser pedirle a la IA que represente a la otra persona y te obligue a responder sobre la marcha.

Podrías explicarle el contexto y decirle algo como: “Voy a tener una conversación con una persona de mi equipo porque durante las últimas tres semanas incumplió fechas de entrega que habíamos acordado. Quiero hablar sobre el impacto sin asumir cuáles son las causas. Simulá que sos esa persona y respondeme como alguien que se siente cuestionado y se pone a la defensiva. No me des consejos todavía. Quiero practicar la conversación.”

A partir de ahí, la idea es conversar. Vos planteás el tema, la IA responde desde el personaje que le pediste y vos decidís cómo seguir. No hay una sugerencia después de cada frase ni una respuesta correcta que copiar. Justamente por eso el ejercicio se acerca un poco más a la habilidad real que querés entrenar.

Cambiá una variable y volvé a intentarlo

Una sola simulación tampoco alcanza. Si la IA siempre representa a una persona razonable, tranquila y dispuesta a escuchar, probablemente estés practicando el escenario más fácil.

Podés volver a empezar y cambiar una variable: pedirle que simule a alguien que reconoce el problema pero dice que está completamente saturado de trabajo; a alguien que se enoja porque siente que otras personas hacen lo mismo y no reciben el mismo señalamiento; o a alguien que cuestiona tu interpretación y trae información que vos no conocías.

No estás intentando predecir exactamente cómo va a reaccionar la otra persona. Eso sería imposible. Lo que hacés es ampliar el rango de situaciones para las que llegás preparado.

Y ese cambio importa porque muchas conversaciones se complican no por lo que pensábamos decir al principio, sino por lo que hacemos cuando recibimos una respuesta inesperada. Ahí aparecen nuestras propias reacciones: defendernos demasiado rápido, insistir con el argumento original, evitar una pregunta incómoda o cerrar una posibilidad de diálogo antes de entender qué está pasando.

El feedback sirve más después de la práctica

Hay una diferencia importante entre usar IA como simulador y usarla como copiloto de cada frase. Si después de cada respuesta te dice “muy bien, ahora podrías contestar esto”, la herramienta empieza a resolver la conversación por vos y vos practicás bastante menos.

Por eso prefiero separar los momentos. Primero hacé el role play completo. Intentá sostener la conversación con tus propios recursos. Cuando termines, recién ahí pedile feedback.

Una consigna útil puede ser: “Ahora analizá cómo llevé la conversación. Señalá momentos en los que asumí algo que no sabía, me puse a la defensiva, evité una pregunta necesaria, fui poco claro sobre el problema o cerré demasiado rápido una posibilidad de diálogo. No reescribas todo. Mostrame momentos específicos y qué otra opción podría haber considerado.”

Ese tipo de devolución puede ayudarte a ver patrones que durante la práctica no notaste. Pero sigue siendo una hipótesis de la IA, no una evaluación objetiva de tu desempeño.

El feedback de la IA también necesita criterio

Una herramienta puede señalarte algo que no habías visto y, al mismo tiempo, interpretar mal una situación. Puede ser demasiado complaciente, asumir que la otra persona reaccionará de determinada manera o recomendar una frase impecable en la pantalla que nadie diría así en una conversación real.

Además, no conoce todo lo que vos sabés: la historia de esa relación, la cultura del equipo, conversaciones anteriores, acuerdos implícitos o consecuencias que no aparecen en el prompt.

Por eso hay una pregunta que agregaría después de cualquier recomendación: “¿Qué supuestos estás haciendo para llegar a esta conclusión?”. Me gusta porque obliga a mostrar parte de la lógica detrás de la respuesta y vuelve a poner el criterio donde tiene que estar: en vos.

Preparar no significa controlar

Cuando una conversación nos incomoda, es bastante natural querer anticiparlo todo. Si dice esto, respondo aquello. Si se enoja, hago esto. Si cuestiona el dato, voy por acá. El problema es que una conversación real no funciona como un árbol de decisiones que podemos completar antes de entrar.

La práctica sirve para llegar con más recursos, no para eliminar la incertidumbre. De hecho, en el estudio, prepararse con IA no redujo significativamente la ansiedad ni hizo que las personas percibieran la conversación como mucho menos difícil. Ese dato me parece importante porque pone el beneficio en un lugar bastante más realista: la herramienta no necesariamente hace desaparecer la incomodidad, pero puede ayudarte a llegar mejor preparado para atravesarla.

Antes de simular escenarios, entonces, conviene tener clara una pregunta más básica: ¿qué necesitás que sea diferente después de esa conversación?

Eso es lo que trabajamos en el artículo anterior sobre cómo preparar conversaciones difíciles antes de hablar: definir el objetivo, separar hechos de interpretaciones, pensar qué necesitás comprender de la otra persona y con qué próximo paso querés salir. Cuando esa base está clara, la IA puede ayudarte a tensionar la preparación y probar qué tan bien se sostiene frente a respuestas distintas.

La conversación sigue siendo tuya

Podés practicar diez escenarios, detectar una frase que genera resistencia y ensayar qué hacer si la otra persona se enoja, se calla o cuestiona tu lectura. Todo eso puede ser útil. Pero después tenés que cerrar la herramienta y hablar con la persona.

Una conversación difícil no es solo intercambio de información. También construye confianza, define expectativas, muestra criterio y establece cómo nos relacionamos cuando algo no está funcionando. Por eso, cuando trabajamos con IA, hay una distinción que para mí se vuelve cada vez más importante: no todo lo que puede delegarse conviene delegarlo.

La IA puede ayudarte a practicar. Puede mostrarte otra reacción posible, hacerte preguntas y darte feedback. Lo que no puede hacer por vos es sostener la relación ni hacerse responsable por lo que pase después.

Si tenés una conversación pendiente, empezá por ordenarla

Antes de simularla, necesitás tener claro qué querés lograr, qué pasó realmente, qué necesitás decir, qué querés comprender y cómo te gustaría cerrar. Para eso creé Prepará una conversación pendiente, una herramienta gratuita donde trabajás sobre tu situación real y salís con una guía concreta para llevar a la conversación.

Después podés usar esa preparación como punto de partida para practicar distintos escenarios con IA. No para encontrar una conversación perfecta, sino para llegar con más claridad y más recursos a la conversación que realmente vas a tener.

Preparar mi conversación pendiente →

Fuente

Nos leemos,
Ceci Mansilla