Estábamos armando un proceso de seguimiento y análisis de datos con el equipo. Eran personas que recién arrancaban, así que hice lo que parecía lógico: les mostré cómo lo haría yo y les dejé un par de tableros iniciales para que tuvieran de dónde partir. Por suerte, y esto lo digo con todas las letras: por suerte, agregué una frase más: “esto es solo una idea, no se queden acá”.

A los pocos días volvieron con otra cosa.

Solas, con ChatGPT, habían armado tableros en Google Sheets con código, todo automatizado. Formas de visualizar los datos que a mí, con veinte años en esto, no se me habían ocurrido. Me volaron la cabeza.

Las que recién entraban, no ya al equipo sino a la industria, me estaban enseñando a mí.

Ahí entendí algo incómodo sobre liderar hoy

Durante casi toda la historia del trabajo, quien lideraba tenía autoridad por una razón bastante simple: sabía más. Más años, más oficio, más camino recorrido. Esa era la carta fuerte.

La IA acaba de romper esa carta.

Y no es una exageración de charla motivacional. El Foro Económico Mundial estima que el 39% de las habilidades centrales del trabajo van a cambiar antes de 2030. Pero hay un dato que me interesa todavía más para quienes conducimos equipos: entre las capacidades que más valoran las empresas no aparece “saber más”, sino el pensamiento analítico, la adaptabilidad y, sí, liderar e influir. Lo escaso dejó de ser la información. Ahora es qué hacés con ella.

Durante siglos, liderar fue sinónimo de saber más

Pensá en el viejo maestro artesano del taller. Sabía más que todos sus aprendices, y por eso mandaba. Su autoridad y su conocimiento eran la misma cosa.

Así funcionó el liderazgo durante mucho tiempo, también en la oficina. Te ascendían porque eras quien mejor hacía la tarea. Tu equipo te traía las dudas y vos tenías las respuestas. Eras la referencia.

Ese modelo tenía una lógica impecable… mientras el conocimiento fuera difícil de conseguir.

La IA rompió ese pacto (y conviene mirarlo de frente)

¿De dónde sale tu autoridad si ya no sos quien más sabe? Sale de un lugar distinto al que estábamos acostumbrados: de tu criterio para leer una situación, de tu capacidad de decidir con información incompleta y de lo que hacés para que tu equipo crezca. Saber más y aportar más dejaron de ser lo mismo.

Esa es la distinción fina que lo cambia todo: saber más no es igual a aportar más.

Hoy alguien de tu equipo, con buen manejo de IA, produce en una tarde algo que a vos te llevó años aprender a hacer. Tu equipo ya puede producir sin vos. Lo que todavía no puede, o le cuesta mucho, es discernir qué de todo eso sirve, decidir cuándo y sostener a las personas cuando algo sale mal.

Si tu valor seguía apoyado en “yo sé cómo se hace esto”, ese piso se te está moviendo. La buena noticia es que hay otro piso, más difícil de copiar con un prompt. Ese desplazamiento es parte de el nuevo mindset de liderazgo 5.0: menos control sobre el método y más criterio sobre el resultado.

Lo que casi hago mal (y por suerte no)

Vuelvo a la reunión de los tableros, porque ahí estuvo la lección completa.

Mi primer movimiento fue el correcto: mostrarles cómo lo haría yo. El problema estaba escondido en lo que no dije. Porque “mostrarte cómo lo hago yo” tiene un mensaje implícito peligroso: hacelo como yo.

Y si me hubiera quedado ahí, pidiéndoles que copiaran mi tablero, el techo del equipo habría sido exactamente mi tablero.

La frase que salvó todo fue casi un reflejo: “esto es una idea, no se queden acá”. Sin querer, les di el outcome (un buen sistema de seguimiento de datos) en vez del método (mi manera de armarlo).

Ahí está el otro filo de la distinción: cuando pedís un clon, lo mejor que podés obtener es una copia de vos. Cuando explicás el resultado que buscás y soltás el cómo, dejás lugar para que te superen.

Lo que la IA todavía no te puede delegar

Tu equipo puede automatizar un tablero. No puede automatizar la conversación difícil, la confianza que se construye con los años, la decisión que tiene consecuencias sobre personas reales, ni el criterio para elegir qué problema vale la pena resolver.

Y acá hay algo casi contraintuitivo: cuanto más se automatiza la tarea, más pesa lo humano de conducir. La parte técnica se vuelve barata y abundante; el criterio, el cuidado y la decisión se vuelven lo verdaderamente escaso.

Para mí, ahí es donde se está corriendo el valor de liderar. De tener las respuestas a hacer mejores preguntas y bancar el criterio del equipo. Es otra forma de ver por qué las power skills son el sistema operativo de tu trabajo: cuanto más potentes son las herramientas, más importa el criterio humano que decide cómo usarlas.

Cuatro movimientos para liderar cuando ya no sos quien más sabe

No hay recetas mágicas, y lo que me funciona a mí quizás no te funcione a vos. Pero si tuviera que resumir lo que aprendí en esa reunión, sería esto:

1. Pedí outcomes, no clones. Describí el resultado y el criterio de éxito, y soltá el método. “Necesito un tablero que cualquiera del equipo entienda en 30 segundos” abre el juego. “Hacelo como el mío” lo cierra.

2. Poné tu experiencia al servicio de las preguntas, no de las respuestas. Tu ventaja ya no es tener la solución antes que nadie. Es saber qué conviene preguntarse antes de resolver, y detectar cuándo una respuesta brillante está resolviendo el problema equivocado.

3. Hacé lugar para que te enseñen. Preguntá, en serio, “mostrame cómo lo hiciste”. Aprender de quien tiene la mitad de tu experiencia dejó de ser un gesto de humildad simpático para volverse una forma concreta de no quedarte atrás.

4. Cuidá lo que no se automatiza. La confianza, el contexto, la decisión, el sostén emocional del equipo. Eso sigue siendo, enteramente, trabajo tuyo. Y es lo que ningún prompt te va a sacar.

No perdí autoridad. Entendí cuál me queda

Cuando esas dos personas me mostraron su tablero, mi primer impulso fue el ego: “¿cómo no se me ocurrió a mí?”. Duró poco. Atrás vino algo mucho mejor: si el equipo puede llegar más lejos que yo, entonces estoy haciendo bien mi trabajo.

Porque liderar dejó de ser tener las respuestas. Pasó a ser crear las condiciones para que aparezcan respuestas mejores que las tuyas.

El día que dos personas que recién entraban a la industria me enseñaron a visualizar datos, no perdí autoridad. Entendí de qué se trata la que me queda.

Esta conversación sigue adentro del Laboratorio de Liderazgo, donde el liderazgo se practica, no solo se aprende. Quiero sumarme →

Fuente

Nos leemos,
Ceci Mansilla